miércoles, 23 de enero de 2013

Memento Mori

Es muy conocida aquella historia que cuenta el origen del hombre, en la cual  Dios decidió crearlo a su imagen, conforme a su semejanza; con lo cual reinaría sobre los peces del mar, en las aves del cielo, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 

 Y así sucedió, fue creado y bendecido. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda 
planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. 

En este principio los seres humanos poseían el don de la inmortalidad. La única prohibición que se les había dado era la de no comer el fruto de cierto árbol, el llamado árbol del conocimiento del bien y del mal. Hasta este punto no existía la muerte y el fruto del árbol de la vida les concedía la inmortalidad.

Como toda prohibición, esta generó la tentación y los primeros seres humanos cedieron a ella y desobedecieron. Al instante adquirieron conciencia del bien y del mal, así como capacidad moral. 

Al incumplir el mandato divino fueron expulsados del lugar donde vivían, más por evitar que consumieran los frutos del árbol de la vida y se igualaran a Dios. A su vez fueron condenados al sufrimiento y a la muerte.

Lo que no cuenta ninguna de estas historias es, que desde ese día en que los seres humanos se convirtieron en mortales les fueron proporcionadas una marca en cada mano, una como recordatorio de su acción, un par de marcas en forma de M, que significan "Memento Mori". Recuerda que algún día morirás.

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