miércoles, 23 de enero de 2013

Depresión

No sé precisar en qué momento comenzamos a coquetearnos. Sé que sen algún momento de mi vida  ella apareció y comenzamos a vernos, a andar de a ratos juntos. Pero nunca quise decirle del todo que sí, dejarla entrar en mi vida o en mi corazón. Simplemente nuestros amores eran intermitentes.

Sin embargo, hace unos años decidí aceptarla. Comenzamos una estrecha relación que nos consumía. Éramos en ese momento la una para la otra. Hacíamos todo juntas, todo el día, todos los días compartíamos cada minuto, cada segundo, cada instante. Llegamos a un punto en que nuestra dedicación era tanta que no dormía, yo dejé de dormir, perdí el sueño por meses. Pero me hacía daño. Ella me lastimaba, me hería, me consumía lo mejor de mí. 

Ella también me maltrataba. Me decía que no era capaz de hacer las cosas, que no podría con mi nueva vida, me hacía sentir inútil, pequeña, miserable. Me di cuenta que nuestra relación era completamente dañina, que me estaba consumiendo, que estaba acabando conmigo. Había instantes en que sentía que perdía la cordura, en que dejaba de percibir la diferencia entre la realidad y la fantasía y empezaba a sentir la locura cerca de mí, rondándome.

Así que después de mucho meditarlo, decidí ponerle fin a lo nuestro. Fue un proceso largo, fue difícil, pero finalmente lo logré. La alejé haciendo cosas nuevas, saliendo del letargo inmenso en que me había sumido con su compañía. 

Aún, en algunas ocasiones, en alguna noche larga o en alguna noche oscura, ella aún me busca, aún me persigue, pero he decidido no darle cabida de nuevo en mi vida. Quiero mantenerla alejada de mi, quiero que no me alcance, quiero que no desee andar a mi lado. Ella ya no es lo mismo para mí.

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